Esparta ha pasado a la historia como la ciudad de los soldados perfectos. Sus ciudadanos tenían miedo.
Este libro cuenta cómo se fabricaba un espartiata, desde el día en que nacía hasta el día en que la ciudad ya no tuvo hombres para llenar sus filas. Una sociedad pequeña, vigilada hasta en la mesa de la cena, que prohibía a los suyos trabajar y comerciar, y que comía del sudor de una multitud que la odiaba y que la superaba en número.
Casi todo lo que se repite sobre Esparta lo escribió gente de fuera, a veces quinientos años más tarde, y buena parte se fue inventando por el camino. La Esparta que aparece cuando se le quita lo inventado es más dura que la del cine, y bastante más rara.
Para quien llega por los trescientos y quiere saber qué había detrás del escudo.