Quince arcángeles, siete días de la semana y un ángel de la guarda: este es el manual para saber a quién llamar, con qué vela y con qué palabras.
Miguel, Gabriel y Rafael salen en todas las tradiciones. A Uriel le retiraron el nombre en Roma hace siglos. Chamuel, el del amor, tiene un casi tocayo guerrero en la mística judía. Y Jofiel es amarillo o fucsia según el sistema que siga la tienda donde se compre su vela. Los quince están aquí con su oficio, su color, su día, su vela y su piedra, y donde las escuelas se contradicen, se dice.
Rafael para la prueba médica. Gabriel para la conversación aplazada. Raguel para la herencia que ha partido a una familia. Azrael para el duelo. Ariel para el perro enfermo, de camino al veterinario.
Y diez prácticas para hacer en casa con cosas de andar por casa: la protección de Miguel con un cuenco de sal en la puerta, la carta con vela de siete días explicada entera, la noche de luna llena con Haniel y una meditación de encuentro que se puede grabar con la propia voz.
Sin fórmulas en latín, sin miedo a hacerlo mal y sin culpas cuando no llega ninguna señal.